“El Despertar” – Una historia de horror por Vanessa Alvizuri.

Vanessa Alvizuri

El Despertar

El Despertar.

Heme aquí. He despertado en un obscuro lugar, en el cual miro poco a poco, tratando de percibir y lograr recordar dónde me encuentro.  Aturdida, tratando de mover siquiera mis dedos, enviando señales a mi cuerpo para mayor movilidad y éste no responde. No he podido reconocer ni un solo cuadro y aspecto de este lugar: el cuarto es sombrío.  Recostada en la cama,  temerosa sin saber qué es de mí, con la sensación de que alguien está aquí… “observándome”, me temo que no he de estar sola. Escalofriantes murmullos se escuchan, la impotencia de no encontrar una respuesta a lo que está sucediendo.

A lo lejos se escuchan pasos de un caminar sobre el rechinido de aquel piso de madera viejo con la que contaba la casa. Yo, temerosa, pensando qué es lo que al abrir esa puerta me esperaría, sigo inmóvil, sin fuerzas.  No sé  cuántos días he permanecido  en aquel frio lugar.

Ha llegado el momento en el cual he de saber mi suerte. Se abre aquella puerta, la cual me mantenía enclaustrada en aquel sitio. De pronto aparece él. De aspecto imponente, callado, y al parecer  temeroso igual que yo. Podría disfrazarse perfectamente de un chico como cualquier otro  pero en su rostro se mantenía un semblante sombrío con una mirada vacía y fría.

¿Era imposible saber por qué? ¿Por qué  aquel  hombre misterioso me mantendría en aquel cuarto? Me forzaba cada instante.  Me  pasaba tratando de recordar que sucedía. ¿Por qué? ¿Por qué? Me repetía en mi cabeza sin cesar. No lograba obtener  movimiento total de mi cuerpo, no estaba en total sintonía con el tiempo, ni siquiera podía observar detenidamente a aquel hombre,  solo observaba  la silueta  que se reflejaba, la luz que emitía a través de una pequeña ventana,  la cual a mis ojos lastimaba y en la que se encontraba recargado.  Él me miraba fijamente mientras  repetía millones de veces “yo siempre estaré aquí “. Era aterrador como al pronunciar esas palabras se clavaban en mi mente, como si martillaran mi cabeza una y otra vez  enloqueciéndome por completo hasta quedar inconsciente nuevamente.

Al despertar, él ya no se encuentra aquí. De manera sorprendente había recuperado un poco mis fuerzas y control de mi cuerpo. Sentía como aquella brisa acariciaba mis manos y mi rostro y como se helaban mis pies  cada vez más. A lo lejos se escuchaba como soplaba el viento y como las hojas crujían al exterior de aquel lugar.

Con un poco más de fuerzas y con la mente más clara me decidí a tratar de escapar de aquel lugar. Sea lo que sea que había pasado yo necesitaba  ayuda. No quería  permanecer en esa habitación. Apurándome,  tratando de escapar,  al unísono se escuchó  como el motor  de un carro arrancaba. Como pude tomé fuerzas  y me dirigí hacia aquel ventanal.  Era él,  por fin se había retirado.  Podía tratar de escapar con facilidad  mientras me dirigía hacia la puerta.  Mi rostro se  iluminaba con una tenue sonrisa,  la cual me esperanzaba a salir invicta de este pesar.

Al abrir aquella puerta  pude observar una enorme casa vieja y obscura,  aquel lugar era realmente enorme y  escalofriante. En algunas de las paredes se podía notar rasgaduras,  como si alguien se hubiera sujetado con tal fuerza que quedaran restos de uñas  y sangre penetrados en aquella pared.  Un terror inmenso se apoderó  de mi interior, corriendo desesperadamente hacia la salida, resbalándome rápidamente de aquellas escaleras,  tratando de ponerme de pie pude notar que mi tobillo se encontraba lastimado. El dolor era insoportable, pero más fuerte era la angustia y  desesperación  que  sentía.  Como pude tome gran valor, me repetía a mí misma lo fuerte que era y lo que podía lograr, con lágrimas en mis ojos y gran esfuerzo  tratando de llegar arrastrándome a mi esperanza de vida.

Sin previo aviso se escuchó: “no querrás dejarme solo Marina”, con un tono amenazante. Apareciendo frente a mí. Helada desde el instante en el cual sin espera fui nombrada.

Pero, ¿cómo sabia mi nombre?  Era tan intrigante saber como aquel hombre que yo no conocía sabía absolutamente todo de mí.  Rápidamente me sujeto del brazo y  me sacudió repitiendo una y otra vez que no podría apartarme de él. Realmente esto era sin duda la peor experiencia de mi vida.

Nuevamente la luz en mi rostro el despertar de un frío día  y aún postergada en cama. ¿Cómo había sido que yo habría llegado después de aquella noche, nuevamente aquel oscuro cuarto? Observo como mi pie se encuentra con vendajes un poco mejorado. De nuevo miró hacia mi alrededor y aún permanezco sola.

En mis adentros,  me repetía que no dejaría de intentar salir de ese lugar que tanto yo temía. Cuando sin esperarlo en la esquina de la habitación mirándome fijamente permanecía él,  con el semblante algo agresivo. Sorprendida, mi cara cambió  inmediatamente a una angustia sin fin ¿cómo era posible? Yo estaba sola. Era inexplicable no me había percatado de que él se encontraba  a mi lado.

Callado, sin decir palabra alguna,  se mantenía agachado,  sin  mirar,  como si tuviera algo de miedo. Al mirar de nuevo,  me he desprevenido, ya se ha ido.  La puerta está abierta. Me dirijo hacia la planta baja como si no hubiese otra oportunidad de escapar: inmensas escaleras,  las cuales me invitan a la libertad.  Simplemente no recordaba el dolor al caminar.  Ha llegado mi hora, casi al termino de esas escaleras escucho como aquellos pasos apresurados  se dirigen hacia a mí gritando mi nombre. Desesperada, corro aún más.  Me encuentra,  empieza el forcejeo,  me sostiene con dureza y grita una y otra vez: “Marina yo siempre estaré aquí, ¿que no has aprendido?, ¡ya es suficiente!”  Aterrorizada  trato de zafarme de él.  Intento soltarme al dirigirme a la puerta. Siento como él se abalanza sobre mí hasta caer, ya en el piso él sigue forcejeando y amenazando. Pidiendo a gritos que me deje ir, corro como puedo hacia la cocina lanzando en el camino cualquier objeto que se presente.  Él, con una fuerza extrema, esquivaba los objetos. Era imposible que me dejara en paz. Con golpes, ambos llegamos hasta la cocina;  él me sujeta provocando un gran golpe en mi rostro con la puerta. Desequilibrada y con la vista nublada trato de llegar a aquellos cajones,  debatiéndome la vida con aquel hombre,  trato por medio del tacto localizar algún objeto que me ayude a defenderme. Lo he encontrado. Con gran fuerza impulso el peso de mi cuerpo y empiezo a luchar nuevamente. Los gritos de él empiezan a atormentarme  diciendo: “yo siempre estaré aquí”.  Tanto ruido en mi cabeza, él no se calla,  yo no quiero escuchar, aquel  hombre tan atormentante en el último golpe cae dándose  en aquella esquina sobre aquel mueble puntiagudo.

Por fin, él tirado en aquel charco rojo, me dirijo a la puerta. Simplemente no puedo llegar. Permanezco inmóvil, sentada a un lado de aquella puerta sin poder salir  de  aquel  lugar tan anhelado.

Debilitándome cada vez más me pierdo en aquel sueño profundo. Al abrir mis ojos veo como algunas luces azules y rojas  se pueden observar a través de las ventanas  y miro como aquellas personas me observan aterrorizados. Creo que han dado conmigo, por fin estaré a salvo. Ellos sabrán dónde está mi familia. De repente veo como me sujetan dos hombres vestidos de blanco y me ofrecen ayuda para subir a la ambulancia. Sonrío, no puedo estar más extasiada.

El Despertar

Observando el cuadro de la entrada puedo ver la imagen de una pareja joven en lo que parece ser su boda. Entrecerrando los ojos trato de percatarme quien vivía en aquella casa, creo que alguien más padeció el mismo martirio. Sólo observo cómo cercan la escena alrededor de la casa. Todo está custodiado. Sigo caminando hacia el vehículo. Las personas siguen impactadas con lo sucedido. Entre susurros veo como hablan y me observan. No importa nada, voy a mi hogar. Sigo sonriendo.

A lo lejos ocultándose tras de un gran árbol veo entre sombras la silueta de aquel  hombre nuevamente.  Alterándome empiezo a gritar desquiciada: “¡él está muerto, no me dejen sola, él viene por mí!”, y en mi cabeza recuerdo  sus palabras: “yo siempre estaré aquí”.

Intento escapar y aquellos hombres me sujetan fuertemente hasta subirme a una patrulla que se encontraba antes de la ambulancia. Nadie escucha lo que digo. No es posible.  Entre susurros escucho como los policías murmuran sobre mí. ¡Está loca! ¡Cómo pudo hacerlo! ¡No tiene alma!

No entendía nada,  ¿acaso no se daban cuenta que aquel hombre me mantenía enclaustrada en aquel lugar? Exaltada, tratando de explicar lo sucedido, sólo escucho aquellas palabras, las cuales nunca podré olvidar: “pobre loca, no se ha dado cuenta, era un buen chico, cómo pudo hacer esto”.

De repente todo empieza a cobrar sentido.  No es posible, con lágrimas en los ojos viene a mi mente aquella imagen de la pareja felizmente casada. Era él… no es posible ¿qué hice? No está bien.

asesinado

Confundida, me encuentro  frente a la Dra. Rose  quien me ha detectado  trastorno psicótico. Aún recuerdo su rostro bañado de sangre y aquella fotografía en la cual ambos nos encontrábamos felices.

fotoboda

Llega la hora de ir a dormir me encuentro en aquel nuevo dormitorio sujetada y postergada en aquella cama. Dirigiendo mi rostro hasta el punto exacto donde el nuevamente permanece en aquella esquina mirándome fijamente, por fin escucho: “yo siempre estaré aquí”. Sonrío inmensamente… “nuevamente juntos, nuevamente feliz”.

 

fuente imágenes: upsocl, k61, ebaumsworld, weddingbee

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